miércoles, 22 de junio de 2011

La libertad gloriosa

Para obtener libertad hay que estar en esclavitud. Los capturados de guerra, endeudados y criminales eran esclavos en el tiempo de Pablo. Él comparó a los hebreos bajo la ley mosaica con estas personas desafortunadas y les pedía que crean que fueron liberados por el sacrificio de Jesús. ¿Pero qué de los gentiles que formaron parte de la audiencia de Pablo? Ellos no participaron de la libertad de cual él se refería porque nunca estuvieron bajo la ley.

Juan 8:32 dice, "y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres". Como casi todo en la Biblia, este verso tiende ser universalizado. Muchos, por ejemplo, lo invocan para extraer información o para ganar prosélitos. Aunque sí se aplica esta expresión en un sentido general, nunca podemos olvidar que aquí se está hablando de una verdad particular. Jesús no pudo hablar esta verdad para no riesgar el cumplimiento de su plan.

Leamos Juan 16:12,13:
Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar. Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir.
También Juan 14:26:
Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.
Este consolador que Jesús mencionó fue Pablo. Más específicamente: el mensaje que él trajo consoló a su grupo de hebreos. Todo lo que ellos entendieron de la ley Mosaica, Jesús y los profetas (e.g. Miqueas e Isaías) vino de Pablo. Hoy día sobrevive solo una fracción de esta información en forma de epístolas. Con esto poco podemos reconstruir lo esencial de ese tiempo que es relativo al nuestro. (Un simple hecho lo permite: la iglesia aún los consulta, por más distorsionada su interpretación, para justificar sus acciones.)
En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, (Efesios 1:13).
Pablo creyó que la promesa que Dios hizo a Abraham fue cumplida con la consumación de la ley Mosaica y la unión del pueblo hebreo y gentil. Pero la iglesia llama a que imitemos a Jesús y que, por ende, seamos hebreos de ese tiempo. Así entonces mantienen la validez de la ley y la ilusión de un pueblo dividido. ¿Qué de las palabras de Jesús, Pablo y los profetas? Estas simplemente son pasadas por encima e ignoradas.

En Hechos Pablo dice, "porque no he rehuido anunciaros todo el consejo de Dios (20:27)". Él cumplió su parte tal como Jesús y los profetas hicieron. A los seguidores de ellos les tocó algo simple: creer que sus palabras fueron ciertas. Aunque no dudamos que algunos prestaron atención, creemos que enseñanzas alternativas prevalecieron. Por eso tenemos una gran mayoría de personas hoy (extremamente removidas de la circunstancia hebrea) que voluntariamente se esclavizan con el modo de vida hebreo antiguo.
Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud (Gálatas 5:1).
A nosotros nos a tocado resonar estas palabras bíblicas a esta generación y esperar que--tal como Pablo y el resto--ellos crean que son ciertas. Ninguno de ellos son llamados a vivir bajo la ley por Dios, otras personas son las que piden que la sigan. Existen ejemplos en la Biblia de como esta ley fue abusada y al final falló a Jesús. Mientras varios pecadores pagaban por sus ofensas con ritos y persistían en su impiedad, él terminó muerto en una cruz siendo inocente. ¿Cómo podemos defender la ley Mosaica y a la vez venerar a Jesús?
Yo confío respecto de vosotros en el Señor, que no pensaréis de otro modo; mas el que os perturba llevará la sentencia, quienquiera que sea (Gálatas 5:10).
Otra paradoja es que aunque muchos quieren imitar a Jesús, pocos se sujetan a los mandamientos que él seguía. Hay 613 en el Torá pero solo se habla de diez. Pablo decía que los que continuaban practicando la ley tenían que guardarla en su totalidad--con ritos y sacrificio, viviendo en culpabilidad. Hoy no tomamos esa posición. Lo que pedimos es que todos los que creen que la ley está en pie lean la Biblia en su totalidad. Presten atención a las palabras de los profetas, Jesús y Pablo. No se deje de llevar por fragmentos de expresiones universalizadas. Averigüe su posición y deber.

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